Este fenómeno, señala, impide construir una sentencia inteligible, sistemática y orientada al verdadero juicio jurídico de imputación.
El especialista enfatiza que todo conflicto penal se articula en torno a un hecho nuclear previsto como delito, pero en la práctica las acusaciones suelen estar cargadas de elementos circunstanciales, indicios, colateralidades y “hojarasca fáctica” que distorsionan ese núcleo. El problema se vuelve crítico cuando ese desorden ingresa sin depuración a la sentencia, afectando la capacidad del juez para fijar con claridad el objeto del proceso.
El Dr. Celis identifica dos prácticas judiciales frente a esta situación:
- La reproducción automática de la acusación, donde el juez transcribe todo sin depurar, trasladando la confusión fiscal a la sentencia.
- La síntesis depurativa, una labor técnica mediante la cual el juez clarifica y separa lo típico de lo accesorio, distinguiendo lo postulatorio de lo probatorio.
En su análisis, afirma que la primera práctica, predominante en la actividad jurisdiccional, implica renunciar a la función racional del juez y convierte la parte expositiva de la sentencia en un texto opaco que contamina la motivación futura. En cambio, la segunda postura, aunque más exigente, permite focalizar el objeto del proceso, reconstruir el hecho típico y otorgar sentido al contradictorio y a la defensa.
Para Mendoza, el fracaso de muchas sentencias radica precisamente en no identificar el objeto del juicio, y ese error comienza en la primera página. La precisión lógica —no el volumen textual— sostiene la validez de una sentencia. Por ello, plantea la necesidad de abandonar la comodidad de la reproducción automática y asumir con rigor metodológico la tarea de reconstruir el hecho típicamente relevante como presupuesto indispensable de toda motivación judicial.


