Con la llegada del verano, los fines de semana suelen convertirse en sinónimo de fiestas, reuniones y celebraciones donde el consumo de alcohol se incrementa de manera considerable. Sin embargo, este escenario también trae consigo un aumento de las emergencias médicas por intoxicación alcohólica, una situación que puede poner en riesgo la vida. Frente a esta realidad, el Seguro Social de Salud (EsSalud) exhorta a la población a celebrar con responsabilidad y a estar atentos a las señales de alerta que requieren atención inmediata.
La intoxicación alcohólica es una emergencia médica que ocurre cuando una persona ingiere grandes cantidades de alcohol en poco tiempo, superando la capacidad del organismo para metabolizarlo. Esto provoca un aumento peligroso del nivel de alcohol en la sangre y afecta directamente al sistema nervioso central, la respiración y el corazón, pudiendo desencadenar convulsiones, coma e incluso la muerte.
La doctora Rosas Guija, jefa del Servicio de Conductas Adictivas del Hospital Nacional Guillermo Almenara Irigoyen de EsSalud, explica que el alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central. “Cuando el consumo es excesivo, la persona puede presentar mareos, dificultad para hablar, pérdida de coordinación, confusión, vómitos y, en los casos más graves, una disminución peligrosa de la respiración y del ritmo cardíaco”, advierte.
Uno de los factores que más eleva el riesgo es el denominado “atracón alcohólico”, que consiste en beber grandes cantidades de alcohol en pocas horas. Esta práctica eleva rápidamente el nivel de alcohol en la sangre y multiplica la posibilidad de sufrir una intoxicación. A ello se suma la mezcla de distintos tipos de bebidas —cerveza, vino y licores—, una costumbre frecuente en celebraciones que incrementa la carga para el organismo.
La especialista también resalta el peso de los factores emocionales. En muchos casos, el alcohol se convierte en una vía de escape frente a la soledad, el duelo, los conflictos familiares o el estrés económico. “Existe todavía la creencia de que sin alcohol no hay diversión, lo que genera presión social y dificulta poner límites saludables”, señala la doctora Guija.
Existen, además, grupos especialmente vulnerables a la intoxicación alcohólica. Entre ellos se encuentran los adolescentes y jóvenes, debido a su menor experiencia y a que su cerebro aún está en desarrollo; los adultos mayores, por la disminución del metabolismo y el uso frecuente de medicamentos; las mujeres embarazadas, ya que el alcohol atraviesa la placenta y no existe una dosis segura durante la gestación; y las personas con enfermedades hepáticas, renales, cardiovasculares o trastornos mentales.
“Mucha gente minimiza los riesgos con frases como ‘solo es una vez al año’, lo que favorece consumos rápidos y en exceso. Además, beber con el estómago vacío o mezclar bebidas incrementa considerablemente el peligro”, añade la especialista de EsSalud.
Entre las señales tempranas de intoxicación alcohólica se encuentran el habla pastosa o incoherente, la desinhibición marcada, la torpeza al caminar, los mareos, las náuseas y la dificultad para concentrarse o responder. Ante estos síntomas, se recomienda detener de inmediato el consumo de alcohol, ofrecer agua, no dejar sola a la persona afectada y buscar atención médica si el cuadro empeora.
Finalmente, desde EsSalud hacen un llamado a la reflexión sobre el verdadero sentido de las celebraciones. “Lo más valioso no se compra ni se consume: se siente, se comparte y se cuida. Ningún consumo reemplaza al amor, a la calma ni a la dignidad personal”, enfatiza la doctora Guija.
En una temporada marcada por la diversión y el descanso, las autoridades de salud recuerdan que celebrar con responsabilidad no solo previene emergencias, sino que también protege lo más importante: la vida y el bienestar de las personas.

