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“Uyariy canta para no olvidar y para que no se repita la indiferencia” Edith Ramos sobre el documental de Javier Corcuera

La dimensión sonora del documental de Javier Corcuera se convierte en un eje narrativo que da voz a la memoria colectiva del sur andino, incluso frente a los intentos de boicot en su estreno
Uyariy

La música es uno de los pilares narrativos de Uyariy, el documental de Javier Corcuera que retrata las protestas y la represión vividas en el sur del país, y que, pese a los intentos de boicot en su estreno, continúa convocando al público en las salas de cine. Lejos de ser un acompañamiento, el componente sonoro articula el relato y funciona como un lenguaje propio de una población que exige ser escuchada.

“La música cuenta la historia de un pueblo. En el sur, las penas y las alegrías se han contado siempre desde la música”, señala la artista Edith Ramos, responsable de la dirección musical del filme. Según explica, durante los meses en que Puno y Juliaca permanecieron paralizados, la música estuvo presente de manera constante en las zonas quechua y aymara, convirtiéndose en una forma de memoria viva de lo ocurrido.

Para la construcción musical de Uyariy, Ramos trabajó junto al compositor e investigador Pedro Rodríguez, logrando una propuesta sensible y de alcance universal, capaz de transmitir emoción incluso a quienes no dominan las lenguas originarias. En el documental, el canto aparece como respuesta a la desconfianza hacia los medios y como un canal para expresar una demanda histórica de justicia, educación y respeto.

El filme también retrata cómo la música fortaleció los lazos de solidaridad entre comunidades. Personas de distintas localidades viajaron durante días con sus instrumentos y trajes tradicionales para acompañar a quienes habían perdido familiares, en una expresión colectiva de duelo y resistencia. “Cantar y tocar era una forma de respeto y de acompañamiento”, recuerda Ramos.

Uyariy revela, además, la profunda tradición cultural del sur andino, heredera de movimientos como el Grupo Orkopata y de una historia marcada por luchas y masacres que han dejado huella en la memoria popular. “Cantamos para no olvidar y para que no se vuelva a repetir la indiferencia”, afirma Edith Ramos, sintetizando el sentido de una obra que apuesta por la música como testimonio y acto de memoria colectiva.

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